Más morbo no se podía pedir en la visita del Madrid al siempre complicado Mestalla para los de Zidane. Un equipo, ayer azulón, que vive en el espejismo. Una situación inadecuada para una plantilla cuya calidad debería estar más cerca de la goleada al Deportivo que ser humillada con la eliminación copera ante el Leganés.

Es solo una opinión porque la realidad, que es lo que en definitiva vale, muestra a un Madrid con muchas posibilidades de que la primera mitad de 2018 sea una de las peores de su historia. Pero todavía queda mucho por ver y si hay un equipo del que se puede esperar que retorne a lo que debería ser su rutina ese es el que dejó al Valencia en clara desventaja al llegar al descanso.

Quitando esa caída de Parejo que sería más falta sin las ganas del centrocampista ché de irse al suelo, la actuación del catalán Estrada fue de las que deberían mostrar a todos los aspirantes a ser buen árbitro.

Sin necesidad de echar mano a las tarjetas llevó el mando del partido haciendo cosas que en pocos colegas se pueden ver. Pitar dos penaltis al equipo local en apenas veinte minutos.

Con Montoya como principal protagonista. Porque primero derribó a Cristiano como después atropelló a Benzema. Ya digo, otro colegiado difícilmente hubiera aplicado el reglamento de esta forma, llevando al luso a alcanzar los ocho goles en Liga. Cifra que empieza a aproximarse a los datos que suele ofrecer CR.

En una primera mitad donde hubo más intensidad que ocasiones de gol y que, por eso, de no haber ocurrido esas jugadas reseñadas podía haber dejado las tablas en el marcador.

Tablas que bien pudieron llegar en los veinte primeros minutos de la continuación. Cuando el Madrid volvía a perder fuelle ante el empuje de un Valencia que ahora sí creía que podía dar la vuelta al marcador.

De esa forma llegó el tanto de Santi Mina y la ilusión en Mestalla. Pero la reacción local la frenó en seco Zidane quien esta vez sí acertó en los cambios. La entrada de Lucas Vázquez y Asensio permitieron a su equipo volver a tener el control del balón y de esa forma desactivar el empuje valencianista.

Con dos paredes casi consecutivas el Madrid sentenciaba el partido con dos grandes goles de Marcelo y Kroos. La efectividad goleadora madridista   resultó decisiva en un partido más vibrante que brillante. El Madrid le da un quiebro a su crisis derrotando al Valencia con más goles que fútbol.

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