Difícil de imaginar cuántos clásicos vamos a vivir esta temporada. Sí se puede decir que no serán como este encuentro de la ida de la Supercopa. Por muchas razones. La primera es que, seguro, el Barcelona que vimos este domingo no será el mismo que saltará al césped dentro de un mes.

Luego que estamos en plena pretemporada y que dadas las circunstancias en que se jugó este partido imagino que el Madrid se sentía bastante superior pero no quería correr ningún riesgo quedando, cuando menos, noventa minutos por delante y encima en el Bernabéu.

Olvidado, entre comillas, Neymar, a este Barcelona le faltan muchas cosas. A Suarez, por ejemplo, la ausencia del brasileño le deja en pañales. Sin poder hacer efectiva ante la portería contraria su presencia.

Y con veintidós jugadores jugando a un ritmo pausado, sin excesiva dureza, el árbitro quiso que su presencia sobre el césped no pasara inadvertida, mostrando demasiadas tarjetas amarillas en el primer tiempo. Que pasó, por cierto, con más pena que gloria.

Lo mejor que se vio hasta entonces no salió de las botas de Messi. Fue ese Isco, en estado de gracia, quien en los iniciales minutos dejó su sello en el Nou Camp. Eso y apenas poco más, como las cabalgadas de Jordi Alba.

Y que dolor para Pique, acostumbrado a marcarle goles al Madrid cuando le dio la ventaja a su eterno rival al meter el pie y batir a Ter Stegen. Cosas del fútbol. Después apareció ese Benzema que a todos los que nos gusta el fútbol necesitamos, a punto de resolver esta Supercopa.

Salió Cristiano, en el momento preciso, Cuando el Barcelona buscaba el empate y dejaba muchos espacios libres en su línea defensiva. De Burgos, colegiado, convirtió un piscinazo de Suarez en un penalti que no fue para llevar el empate al marcador.

Pero entonces apareció CR, para marcar un gol que solo él puede hacer. Si Messi en el último clásico liguero en el Bernabéu se quitó la camiseta, el portugués hizo lo propio. Amarilla y dos minutos después De Burgos le enseñó la roja por una jugada en la que el luso se caía pero no disimuló falta alguna. Vaya colegiado para un partido como éste.

Quedaban pocos minutos, con el partido trabado por culpa de un señor vestido de amarillo y negro que pudo cambiar el resultado del partido. Pero ahí estaba ese jugador llamado a ser el mejor de una época, Asensio, para dejar las cosas claras. Un  resultado casi imposible de remontar. Piqué volvió a marcar en un clásico y ni un inepto árbitro evitó la clara victoria del Madrid.

 

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

2 + 13 =