Enrique Cerezo se ha pasado toda la semana diciendo que este Atlético de Madrid-Barcelona solo era un partido de fútbol. Intentando apartarse de ese follón político en el que vivimos. Y quiero hablar solo de lo que ocurra sobre el césped pero no puedo callarme un detalle.

No me dio tiempo a ver toda la fase del calentamiento previo pero sí se podía ver que en los azulgranas,  unos, los no nacionales, llevaban una sudadera negra y los demás otra con la senyera. Curioso.

Hablemos de fútbol. Si sorprendente ya es que André Gomes, después de su penosa campaña anterior, continúe en el club culé más lo era que Valverde lo pusiera de titular en el encuentro más complicado de los que han tenido hasta ahora en la Liga.

Era, luego a lo mejor me como estas palabras, como empezar con diez. Pero ahí está Messi, que vale por dos o por tres, y que en el primer minuto en una jugada de las suyas a punto estuvo de marcar. Toda una declaración de intenciones.

O no, porque pasados los tres primeros minutos el balón pasó al bando local con tres oportunidades muy claras producto de otros tantos errores defensivo. Con Griezmann y Ter Stegen como principales protagonistas.

Se durmió un tanto el partido en los minutos siguientes, con un Barça que con juego pausado intentaba hacer retroceder a su rival hasta las cercanías de su área. Pero sin peligro.

Y que quieren que les diga, no dudo de la calidad de Koke, sí de que su importancia en el equipo vaya a ser mayor que la de Saúl. Porque éste la toca muy bien pero, además y eso es lo importante, tiene gol. Como lo demostró en el minuto veinte con un disparo ante el que nada pudo hacer el portero alemán.

A partir de ese momento pues poca cosa. Un Atlético que no necesitaba más y un Barça que tampoco demostró poder hacer más. Porque Jordi Alba era una escopeta de feria entregando todo balón que le llegaba al contrario y con un André Gomes en su línea. Creo que el luso es el único futbolista que unifica las opiniones de los cronistas deportivos.

A pesar de su racha invicta en esta Liga los culés han perdido varias cosas. No solo la marcha, o fuga, de Neymar, es que Luis Suarez no es, para mí nunca ha sido tan grande, el de anteriores campañas. Y a la espera de lo que pueda ofrecer, toda una incógnita, Dembélé, Valverde no ha encontrado quien pueda suplir la ausencia del ahora jugador del PSG.

Momento de cambios. Entró Gaitán, un ejemplo similar al de Gomes, se marchó Correa y en los azulgranas incompresiblemente el luso se mantuvo en el campo. En un doble cambio donde Semedo e Iniesta dejaron su sitio a Sergi Roberto y Deulofeu, que según pasan las semanas se seguirá preguntando la razón por la que ha vuelto a su club de toda la vida.

A ver, que se me entienda bien. La diferencia entre el Atlético y el Madrid teniendo ventaja en el marcador ante el Barcelona es que los madridistas tienen algo más que ofrecer que esfuerzo físico. El que minuto a minuto iban perdiendo los de Simeone.

Por esa razón salió Thomas, poco antes de que lo hiciera Paulinho en el rival. Músculo buscaban los técnicos para los minutos finales. Y como alguna cosa me tenía que comer, a falta de nueve minutos apareció Luis Suárez para conseguir el empate.

Pienso que demasiado para lo que hicieron los de Valverde pero que les permitió disputar el final del partido con posibilidades de hasta llevarse la victoria. El Barça logró  un empate en el Metropolitano porque el Atlético sin oxígeno no era rival.

 

 

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