Llegó el día y hoy podía ser la gran noche de La Rojita. Tras un inmaculado torneo era de total justicia que los de Celades estuvieran en la final de este Europeo Sub 21. Enfrente una de esas selecciones que te sueles encontrar en estos partidos, sea la categoría que sea.

Una Alemania que, quizás por tener claro su superioridad, amenazaba en la víspera que iba a practicar un fútbol duro para desconectar a los nuestros del partido. Kuntz no podía contar con una de sus estrellas, el ariete Selke, lesionado en la semifinal. La Rojita con los once futbolistas que ya nos conocemos de memoria. Y en el palco Mariano Rajoy. Veremos si para dar suerte o no.

Aunque La Rojita comenzó dominando el encuentro, lo cierto es que los tres primeros remates a puerta fueron germanos, con testarazo de Meyer al palo incluido.  Bellerin, también de cabeza, dispuso de nuestra primera ocasión, cuando ya se habían visto las primeras jugadas anti reglamentarias, nada grave, de los ayer locales. Ellos.

Palpándose el respeto que se tenían ambos combinados. Para evitar cualquier despiste que desequilibrara la balanza. Cierto que en los primeros veinte minutos Alemania fue ligeramente superior. Sobre todo por su banda izquierda, por donde el lateral de esa zona parecía encontrar campo abierto.

No estaban tan lúcidos como en otras ocasiones nuestros jugadores. Los germanos hacían más daño cuando tenían en su poder el balón que La Rojita en idéntica situación. Nos tiene tan mal acostumbrados que extrañaba ese encefalograma plano en su fútbol.

No jugó, ni de lejos, como ante Portugal o Italia y por eso no pudo extrañar que llegara el castigo. Con un cabezazo de Weiser que seguro ni él mismo esperaba que llegara al fondo de la red. Alemania adquiría en el marcador la ventaja que mostró sobre el césped.

Mala noticia que al llegar al descanso fuera un defensa,  Bellerín,  el que más peligro creó. La medicina para La Rojita no ofrecía dudas.  Jugar como ellos saben, la única forma de dar la vuelta al resultado.

Existía una cierta desconexión desde que recuperábamos un balón en desde la defensa y que llegara a nuestro ataque. Ese maravilloso centro del campo no funcionaba, y cuando lo intentaba hacer los alemanes comenzaron a enseñar los dientes.  Léase a hacer faltar y recibir amarillas.

Salió Gayá por Jonny, con problemas físicos. Los que no mostraba Alemania después de ciento veinte minutos y la tensión de la tanda de penaltis en su semifinal. Aunque La Rojita sin ser mucho más brillante, sí tomó el mando del partido. No le quedaba otra.

Saúl tuvo la primera clara oportunidad. Los alemanes se iban metiendo cada vez más cerca de su área y eso nos beneficiaba. Lo que no fue óbice para que Kepa salvara un gol casi cantado. Preocupaba que a pesar de tener más la pelota, cada llegada germana nos hiciera pasar un mal rato.

Porque su presión era mucho más efectiva que la nuestra. Teníamos jugadores capaces de solucionar el conflicto en el que nos estábamos metiendo. Pero Alemania controlaba a la perfección a esos hombres decisivos. Con Williams por Sandro se intentaba reforzar esa velocidad que nos podía permitir soñar.

Y mejoró La Rojita, ya solo con quince minutos por delante. Sorprendía que Kuntz no hubiera movido su banquillo. Porque sus hombres ya daban claras muestras de cansancio. Lo que no era de extrañar.

Celades se la jugó sacando del campo a Marcos Llorente y metiendo otro delantero, Borja Mayoral. La realidad es que nuestro equipo dominó más en el segundo tiempo pero no hubo ocasiones de gol. Una pena que fuera en la final cuando ofreciéramos la peor imagen. La magia de La Rojita no apareció con Rajoy en el palco y Alemania se lleva el Europeo Sub 21.

 

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