Llevo toda la temporada preguntándome los motivos por los que el Barça fichó a André Gómes y lo que es peor, las razones para que Luis Enrique haya mantenido la confianza en el luso hasta el final. A pesar de que el futbolista pocas alegrías ha dado.

En el Atlético llego en el pasado verano Gaitán. Reconozco que no le había visto jugar y si lo hice no me debió llamar mucho la atención. Imagino que Simeone fue uno de los inductores para hacer esa contratación, pero el argentino, al contrario del asturiano, enseguida debió darse cuenta que Gaitán pocas soluciones podía aportar a su equipo.

Gaitán ha jugado, sí, pero con cuentagotas. Frente al Éibar tuvo otra vez su oportunidad. Salió de titular, pero apenas si duró cuarenta y cinco minutos sobre el campo. Su aportación fue nula y menos mal que el Cholo demuestra jornada a jornada que solo se casa con quién le responde.

Salió Torres en su lugar, y el Atlético mejoró notablemente, cuando el empate todavía lucía en el marcador. No es fácil jugar ante el Éibar y menos desde que mediada la temporada tenía asegurada la permanencia. Los de Mendilibar  saben a lo que juegan, porque conocen de sus fuerzas pero también de sus limitaciones.

Por eso se le hizo tan incómodo el partido al Atlético. Que consiguió lo que buscaba. El triunfo que prácticamente le asegura la tercera plaza y que tuvo que trabajárselo yendo de menos a más. Mención aparte para el Frente atlético. Antes decir que no me gustan los frentes ni los ultras, pero hay que reconocer la fe que poseen los integrantes de esta, ¿se puede decir peña?, legión de atléticos que no dejan de animar a los suyos. Al acabar el partido se quedaron quince minutos en el Calderón para trasmitir esa confianza que tienen de remontar el miércoles a sus jugadores. Ganó el Atlético al Éibar porque Simeone sabe de las limitaciones de Gaitán.

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