Pocas selecciones pueden hacer lo que ocurre en La Roja o La Rojita. Y no piensen que me mueve el ánimo patriótico que por ahí no voy muy sobrado. Es la realidad. La calidad que hay para conformar un once en cualquiera de los dos combinados. Y de esa forma se la jugó Celades en el partido ante Serbia.

Ya semifinalistas en el Europeo Sub 21, que cambiase al completo la alineación inicial no es que entregara el encuentro. Es que puede tener casi idéntica confianza entre los que ganaron a Portugal y los que hoy saltaron al césped. Cualquiera de estos últimos ofrece igual garantía. Hasta, ojalá así ocurra, para jugar la final.

Cierto que  para los serbios este era un compromiso sin ningún resultado positivo posible para ellos. Pero era la oportunidad de comprobar que en este Europeo podemos ser totalmente optimistas.

Además, La Rojita sí tenía una razón añadida, a la de salir a ganar siempre, y es que fue Serbia quien en la repesca nos dejó fuera de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Seguro que eso ya se lo contó el seleccionador en las charlas previas.

Pero hay una obvia en fútbol, cuando no hay nada en juego es imposible que no aparezca una cierta relajación. La que se vio en los primeros compases del encuentro. Porque también estamos finalizando la temporada y los jugadores tampoco están para exhibiciones y más en ocasiones como ésta.

Lo que no es óbice para que los nuestros quisieran que la inercia mostrada en este Europeo no se torciera en un partido intrascendente. Dos oportunidades para los serbios, pero la más clara la tuvo ese Soler, que de momento es de las pocas bocanadas de optimismo con las que cuenta el Valencia.

Control absoluto del balón para La Rojita, dos pequeños sustos, y solo el defecto de no haber sabido jugar por las bandas. Fundamental para abrir la lata y más si en los laterales estaban Odriozola y Gayá. Dos auténticos puñales. Y utilizando esa baza, las bandas, llegó el gol de Denis Suárez, tras una gran pared de Williams y el defensa de la Real Sociedad. Antes de llegar al descanso Carlos Soler volvió a desperdiciar otra clarísima ocasión, justo antes de que Serbia, con toda justicia, se quedara con diez hombres.

Con ese 0-1 se iniciaba la segunda parte. Si once contra once los nuestros habían superiores, con superioridad numérica las cosas no tenían por qué cambiar. Y no lo hizo. La Rojita seguía imponiendo su impronta. Aunque fuera con la marcha corta. No necesitaba más. Máxime con un rival con diez unidades sobre el césped y menos correr riesgos de una lesión o una tarjeta más que inoportuna. Porque en el combinado de Celades todos son importantes y a todos se puede necesitar en el futuro.

Pero, como ya dije, no me cuesta decir que los últimos cuarenta y cinco minutos sobraron. Ambos conjuntos podían haber firmado un armisticio en el descanso y ahorrarnos la continuación.  Era como un  amistoso de pretemporada. España no necesitaba más y Serbia no quería recibir más.

Era un grupo trampa. Donde una de las selecciones favoritas, Portugal, se va a casa. La Rojita invicta en la primera fase ganando a Serbia con los no titulares, no suplentes.

 

 

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