Llegaba el Atlético, así lo reconocía todo el mundo, a este tercer partido de la Champions en una situación ciertamente delicada. Delicada que no sorprendente. Porque los dos resultados anteriores entraban dentro de la lógica.

Empatar, que no estaba nada mal, en el campo de la Roma para luego perder en el Metropolitano ante el Chelsea. Que ya sabemos que los clubs británicos son bastante irregulares en competiciones continentales pero hablamos del actual campeón de la Premier.

Dicho lo cual otra cosa cierta es que el futuro atlético en esta Champions pasaba, sí o sí, por ganar en Bakú. En teoría algo poco complicado. Porque el Quarabag es debutante en este torneo y el fútbol de Azerbaiyán no está que digamos entre, siquiera, las cien mejores selecciones del mundo.

Por ello, el único peligro para el Atlético era que los locales no tenían nada que perder, y ese tipo de rivales al final te pueden complicar las cosas. Con la baja forzosa de Koke, el Cholo se decidió por revolucionar su once. Donde estaban Vrsljko, Gaitán y Gameiro.  Lo más sorprendente era la presencia del galo, prácticamente inédito esta temporada.  Desde luego una oportunidad de oro para demostrar que tiene calidad para continuar en este equipo.

Con el técnico argentino era imposible pensar que el Atlético saliera desde el primer momento a buscar el gol. Eso podía ser un error, pero peor fue ver como los madrileños tardaron mucho tiempo en tomar el mando.

Un cuarto de hora donde los del Qarabag demostraron saber lo que debían hacer y ponerlo en práctica. Con un fútbol sencillo, sin complicarse. También mostrando alguna ingenuidad.

La primera ocasión rojiblanca no llegó hasta el filo de la media hora. Cuando el disparo de Carrasco se topó con el cuerpo del portero local. En los minutos donde vimos la única falta hasta ese momento. Porque el partido era tan flojo como deportivo.

Visto lo visto en esos cuarenta y cinco minutos estoy seguro que Simeone no invitó a cenar a sus jugadores. Porque si malo era haber llegado con el 0-0, peor era el no haber visto más que un par de oportunidades de gol y todavía más preocupante los fallos defensivos. Que no fueron ni una ni dos, sino varios y peligrosos.

Puede que a los rojiblancos les pesará la importancia de conseguir la victoria, pero eso no puede ser una excusa para un equipo como éste y un rival como el que tenían enfrente.

Porque continuábamos sin ver una reacción. Cayendo repetidamente en jugadas de fuera de juego. Con lo que era más que previsible que se moviera el banquillo, porque cada minuto que pasaba añadía kilos de confianza a los jugadores del Qarabag.

Desgraciadamente para Simeone, los tres jugadores mencionados al comienzo si se plantearon este partido para reivindicarse ya pueden estar seguros que les tardará en llegar otra oportunidad.

Salió Thomas por Gaitán. Un jugador del que no sé sabe todavía que vieron en él para contratarle. Mientras, el Qarabag lejos de encerrarse se permitió el lujo de hacer algunas jugadas que si no claras de gol si que metieron el miedo en el cuerpo al Atlético.

Simeone se la jugó con un doble cambio. Correa y Torres por unos inéditos Carrasco y Gameiro. Pero no todo iba a ser malas noticias para los rojiblancos. Porque el colegiado lejos de ver un penalti, que no lo era, considero que Ndlovu se fue al suelo deliberadamente y vio la segunda amarilla que le llevaba a vestuarios.

Quince minutos frente a un rival con diez jugadores. Para conseguir el único resultado con el que los del Metropolitano podían subirse al avión de vuelta. Ver a Godín como delantero centro no decía nada bueno de los madrileños. Menos que los locales dispusieran de alguna ocasión en el final del partido. Que llegó dándole al Qarabag su primer punto en una competición continental.

El Atlético se dispara un tiro en el pie, empata en Bakú y queda al borde del precipicio.

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